viernes, 4 de enero de 2013

Explicando al típico idiota de izquierda

Post de @blogcyh, puedes leerlo en http://catarsisyharakiri.blogspot.com.es/ 

Los izquierdistas no son malos. Al contrario, están llenos de buenas intenciones. Todo su problema radica en que son idiotas. Esto no es un insulto sino un término preciso que alude a su incapacidad permanente para entender el mundo tal como es y concebir la acción política de acuerdo con la realidad. Todo izquierdista es un alienado que piensa siguiendo un dogma ideológico que le cuenta cómo es la realidad. Algo como lo que ocurre con un alienado religioso que cree en la palabra escrita. Ambos aceptan lo que está en sus respectivas biblias o lo que sus predicadores les cuentan; es decir, a quién adorar, a quién odiar y cómo salvarse.

Debido a esos dogmas recubiertos melosamente de palabrería dulce y cautivante, como una torta infantil, la izquierda se presenta como abanderada de la ética y la moral. Su discurso rebosa en alusiones a la justicia, la dignidad, la solidaridad, la igualdad, la inclusión, los derechos, y en referencias permanentes a los pobres, a los más necesitados, a los excluidos, los marginados, los explotados y, por último, al pueblo, de quien siempre se han sentido los auténticos y únicos representantes. De hecho los de izquierda parecen ser muy buenos, pero lamentablemente son idiotas.


Como supuestos representantes del pueblo, los de izquierda sienten que su misión es defender al pueblo de sus enemigos. ¿Enemigos del pueblo? Sí. La izquierda cree que existen enemigos del pueblo. Así es como llama a todos los demonios que pueblan su afiebrada mente. Allí es donde radica su enfermedad mental. Es parte de su fábula y dogma, la fuente de su estupidez permanente y de sus ideas aberrantes. Así es como la izquierda vive convencida de que los enemigos del pueblo son las empresas y los empresarios. Sí, o sea, el motor del desarrollo de cualquier país y sociedad. Nada menos. ¡Ellos son los enemigos! Lo que a cualquier persona sensata le debe parecer una verdadera estupidez resulta ser el dogma central de la izquierda.

Un típico idiota de izquierda es, por tanto, enemigo de la empresa privada, con mayor o menor fuerza. Están los que quieren abolir la empresa privada totalmente, los que se le prenden solo a las grandes empresas, y los que simplemente permiten su existencia pero le otorgan tantos beneficios a los trabajadores que ninguna empresa resulta comercialmente viable ni competitiva. También están los que procuran imponerle muchos impuestos a las empresas bajo la creencia de que es un acto de justicia redistributiva, y porque así se recupera lo que la empresa le roban a los trabajadores. Al final todas estas acciones llevan inevitablemente, y como es lógico, al empobrecimiento del país, ya que son contraproducentes con el desarrollo. Pero por idiota que parezca este es el pensamiento central de la izquierda y la razón de su fracaso permanente.

Pero además, el típico idiota de izquierda pretende que el Estado asuma la responsabilidad total de lo que ocurre en la sociedad y sea un instrumento de vigilancia y control de cada actividad, dirigiendo la construcción de un mundo justo y equitativo. Un izquierdista es tan idiota que cree que el Estado es una especie de Dios Todopoderoso que todo lo ve y capaz de repartir sus bendiciones a discreción, especialmente a los más necesitados. Así piensa un idiota de izquierda. Al final acaba de adorador de algún líder mesiánico de pacotilla que encarna el mito del dios justiciero, a través de una palabrería inmunda, típica de la demagogia populachera de izquierda. 

Así es como al final la izquierda acaba siempre elevando a un pobre idiota como líder y colocándolo en las alturas del poder y en el altar de la divinidad, defendiendo todas las tropelías que comete en nombre de la justicia social, incluyendo despojos de propiedad y atropellos a la libertad de prensa. El fin invariable de toda aventura de izquierda en el poder es siempre el mismo: miseria y fracaso. Pero son tan idiotas los de izquierda que nunca aprenden, y los tenemos siempre activos y repitiendo las mismas idioteces en cada generación joven. Son los típicos idiotas latinoamericanos que se resisten a desaparecer y están en todos los países. Por suerte parece que esta vez nos salvamos de caer en las manos de uno de estos alienados. Pero hay que estar atentos.