lunes, 4 de febrero de 2013

PSOE: un barco a la deriva


Preocupada por la privatización de la educación, la izquierda española es pionera en privarla de cualquier tipo de apertura hacia una tolerancia digna de superar los hechos del siglo pasado. Estos líderes, aprobando leyes de educación escandalosamente pésimas con el objetivo de criar una masa de incultos e ineptos que les sostengan la telaraña, han encontrado en la democracia su peor enemigo. La permisión de ideas plurales y divergentes, amparadas por la libertad de expresión, les impide lograr ese objetivo. Por eso, defienden el discurso republicano español rancio del señor feudal y el esclavo, del obispo y el mendigo, del rey y la plebe, o del explotador y el obrero. Estos líderes que hacen gala de la justicia, del progresismo, del feminismo, y bandera de la cultura, empiezan a decaer en su estrategia electoralista.

Si bien, han movido masas de jóvenes que, habiendo nacido y vivido en democracia, portan banderas segundo-republicanistas, cantan la internacional, se hacen llamar de izquierdas y se atemorizan con la existencia de cualquier alternativa a su pensamiento, la realidad política del PSOE, ahora, se parece más a la audiencia de Gran Hermano que a la de 60 segundos. Estos jóvenes no son más que las víctimas de la demagogia izquierdista; y la demagogia triunfa allí dónde la cultura no ha dejado mella.



Sin embargo, su hipocresía, su oportunismo y sus delirium tremens, empiezan a tocar fondo. El importante papel que la economía ha jugado estos últimos años, ha hecho que la izquierda altere el orden de su agenda política. El papel de la política de necesidad,  de la política de Estado y de la política de resultados, ha hecho que tengan que centrarse en asuntos reales y actuales. Los jóvenes preparados emigran y aquellos que no pueden hacerlo, no dudan en inculcar a sus allegados la importancia del estudio y la cultura. El PSOE, no ha podido por más que desplazar la educación de sus prioridades. La Sexta pierde fuelle, Público cerró su edición impresa, el 15M perdió en las urnas y las huelgas generales carecen de peso político gracias a estos sindicatos vendidos. Y es ahí, en el descuido del adoctrinamiento, donde la mentalidad del ciudadano, preocupado por su día a día, empieza a desmontar el teatro creado con cuidadoso esmero por estos líderes.

La izquierda española, que pensó que jugando a ser un partido catch all (como en Cataluña) lograría recuperar su liderazgo, ha quedado anclada en su clientela partidista. Frases como la del líder de la oposición madrileña, Tomás Gómez (“sus abuelos nos robaron la infancia y ustedes la jubilación”) dejan claro que el PSOE, que navegaba del marxismo al socialismo moderado, y de éste a la socialdemocracia, afrontando temporales liberales, hoy en día no es más que un barco a la deriva. 

@MartMadrid