lunes, 25 de noviembre de 2013

Asentir y callar

Es cuanto menos curiosa la manera que tienen de actuar los defensores del pueblo, los garantes de los derechos y los abanderados de la igualdad. La izquierda española siempre se ha presentado engalanada con una superioridad moral que roza el insulto y el desprecio. Las constantes descalificaciones se disfrazan de tolerancia, respeto y libertad de expresión. Mientras tanto, una derecha indolente calla y asiente, sin atisbo de reacción a la ofensa recibida.

En esto se ha convertido España. En un país de extremos en el que uno peca de fanatismo y el otro de indolencia. La sociedad traga los abusos de una izquierda que, mediante la manipulación y el engaño, ha conseguido moldear las ideas de millones de españoles, con las promesas falsas de una libertad, una igualdad y una fraternidad que obedecen a sus intereses. La derecha mientras, calla y asiente.

¿Por qué la derecha calla cuando en una manifestación, en pleno siglo XXI, encontramos banderas republicanas y soviéticas por doquier? ¿Haría lo mismo la izquierda? ¿Por qué una cosa es libertad de expresión y otra es fascismo? ¿Por qué la izquierda actúa siempre dentro de lo políticamente correcto y una mínima expresión de derechismo supone una falta de respeto?

¿Quién se trata de imponer a quién? ¿Son los que intentan defender el derecho a vivir de millones de niños que nunca nacerán, o son los sindicalistas que impiden que podamos ocupar nuestros puestos de trabajo sin sufrir acoso y agresiones?


No obstante, callamos y asentimos. Y volvemos a asentir y volvemos a callar. Mientras, la izquierda manipula como si de un pelele se tratara a una sociedad sin ideas, sin mayor ambición que la de vivir una vida plácida. Somos al fin y al cabo, cerebros moldeados a gusto de marxistas y socialistas. Y a las malas hierbas, las extirpan tachándolas de intolerantes, fascistas y retrógradas, jactándose además de pluralismo y liberalidad. Es decir, tus ideas han de ser respetadas, mientras sean como las mías.

Hago un llamamiento a que todas las malas hierbas broten con fuerza y sin miedo a lo políticamente correcto, que no es más que un encorsetamiento de la verdadera libertad, y a espantar de un manotazo los fantasmas de la hipocresía y de la superioridad moral que gobiernan nuestro sistema. Hablemos alto y claro, porque no hay mayor índice de debilidad que la tibieza. Basta ya de engullir ideas sin ningún tipo de espíritu crítico y hablemos con propiedad y con nuestros ideales por bandera. Porque mientras pisotean nuestros derechos, se cuelgan la medalla del respeto y de la tolerancia. Y mientras nosotros abrimos la boca, ellos nos la cierran con palabras bonitas que camuflan el golpe en el mentón con el que realmente lo hacen.

Respetemos, por supuesto. Pero hagámonos respetar. Dejemos de ser la imagen de la tibieza y la indolencia en lo ideológico. Dejemos de ser bocas mudas. Dejemos de ser esclavos de lo “correcto”. Dejemos de asentir, y dejemos de callar.


Juan González (@juangonzepp)