viernes, 8 de noviembre de 2013

De la #DobleMoral a la paranoia: el nazionalismo catalán

Cuando hablamos de #DobleMoral en nuestro entorno y en la política, hay un caso en el que no existe, porque directamente ha evolucionado a la pura invención de la realidad. El nazionalismo catalán (sí, con z, y ahora veréis por qué) no tiene una moral cambiante o un doble rasero con propios y contrarios, sino que vive en un mundo paralelo, basado en el control social, la propaganda masiva y la creación de una cosmovisión que roza el surrealismo. Un modelo que desde la distancia nos provoca el asombro por el ridículo que puede llegar a alcanzar o incluso la carcajada, pero que en el mismo territorio te absorbe y te hace defender todas sus consignas a pies juntillas.

El nazionalismo catalán (no confundir con el nacionalismo con c, aquel que defiende los intereses y esencia propia de una tierra desde la libertad y el respeto al resto de opciones) no ha inventado nada nuevo. Sigue el mismo esquema de los nacionalismos de siglos pasados, ya sea el alemán o el chovinismo francés, esos que tanto daño han hecho a la concordia europea. Parte de la premisa exacta de los 11 principios de la propaganda de Goebbles. Entre ellos, por ejemplo, el principio del enemigo único: España, sobre el que se centran todos los males de la sociedad catalana. Si las arcas de la Generalitat están arruinadas, por ejemplo, es culpa de España, y la gestión de los gobiernos de CiU y los tripartitos con su gasto en parafernalia nacional no tiene nada que ver.


El principio de exageración: convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Muy estrambótico fue cuando cuatro aviones militares sobrevolaron Cataluña y se llegó a decir que se preparaba poco más que la invasión por parte del ejército, mandando varios eurodiputados catalanes una carta al Parlamento Europeo alertando de la supuesta invasión.

Tercero, el principio de unanimidad, hacer creer a la gente que el nazionalismo piensa como todo el mundo. Esto es básico, convertir en apestados a aquellos que no aceptan las tesis del nazionalismo. Algo que se hace, por ejemplo, con aquellos que defienden ser catalanes y españoles. Automáticamente el aparato del nazionalismo los convierte en marginados sociales, en catalanes no auténticos. Y esa presión es muy grande, pues muchos, por no ser unos excluidos en la sociedad, prefieren callar y no divergir de la realidad nazionalista, aunque no estén de acuerdo con ella.

Y, por supuesto, el principio de orquestación, limitar la publicidad a un pequeño número de ideas y repetirlas incesantemente. O lo que es lo mismo, la famosa teoría de “una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad”. Sí, estáis pensando todos en la misma frase, “Espanya ens roba”. Cualquier cosa se justifica con el “Espanya ens roba”. Que Madrid ha bajado los impuestos, pues eso es porque “Espanya ens roba”, como apuntó el diputado de CiU Josep Sánchez Llibre. Que Artur Mas se gasta millonadas en una televisión autonómica al servicio de su causa y no hay dinero para otras cosas, pues eso es porque “Espanya ens roba”. Y así todo. Cualquier día perderá el Barça un partido y ya sabréis, culpa de que “Espanya ens roba”.

La manipulación histórica es otra de las patas que sustentan el proyecto. ¿Qué Cataluña nunca ha sido una nación por sí misma? No pasa nada, un par de retoques en los libros de Historia y, con el sistema educativo controlado por los nuestros, en un par de generaciones, todos convencidos. Así, la Corona de Aragón pasa a ser ‘Corona Catalano-aragonesa’ y en 1714 no hubo una guerra de sucesión entre los partidarios de los Austria y de los Borbones, sino que directamente nos quitaron la independencia y nos convirtieron en una colonia de España (lo de que ya estábamos en ella como parte de la Corona de Aragón lo obviamos). A partir de aquí, se abre la veda para todo tipo de tergiversaciones históricas de lo más rocambolesco, pues una vez manipulada la historia, retorcerla un poquito más no cuesta nada. De esta forma, el Quijote es un plagio de un libro catalán, Colón era catalán y la bandera de EEUU es una simple evolución de la cuatribarrada (sí, como lo oyen). Y lo dicen sin ruborizarse, convencidos de ello. Ese es el gran triunfo del nazionalismo catalán, haber creado su propia realidad, un Matrix de gente que no sabe como es el mundo real y vive tan feliz en su ilusión.

El nazionalismo catalán tiene, como cualquier nazionalismo depredador, su vertiente expansionista, hacer más grande la patria, la nación. Lo expuso muy bien el diputado del PP en Les Corts Valencianes Rafael Maluenda cuando explicó que los inventados “países catalanes” no son más que una burda copia de la Gran Alemania de Hitler, de las teorías del espacio vital. Igual que los alemanes usaban el pretexto de una lengua y cultura común con los territorios de alrededor para invadirlos, los nazionalistas catalanes no sólo se conforman con imponer su paranoia a los suyos, sino que tratan de imponérsela a los vecinos, negándoles su identidad, lengua y cultura. Aquí es donde el nazionalismo muestra su garra más fanática, intolerante y totalitaria. Una garra que está dispuesta a tirar de chequera para comprar a los acomplejados de los territorios vecinos que anhelan vivir en el Matrix català… Ya que, cuando no quede dinero, recuerden “Espanya ens roba” y todo solucionado.

Y como no, para terminar, la necesaria ingeniería social. Todo lo anterior no tiene sentido si no hay una población dispuesta a creérselo. Ya sea por la vía de la coacción (multas lingüísticas y demás) o de las educación. Y para este propósito, hay que empezar con la infancia, como bien enseñó la Alemania de los años 30 y hemos visto en TV3 con motivo de la Vía Catalana. Así, no es de extrañar que la preferencia por la independencia vaya creciendo, ya sea por miedo, por educación o por asimilación.

Yo me quedo como colofón con una frase del presidente de Freixenet, nada sospechoso, sobre la independencia de Cataluña: “la independencia no es viable, si nos independizáramos ¿Quién pagaría al día siguiente las pensiones?”. Pues eso, la simple respuesta a esta pregunta desmonta todo el castillo de naipes de la paranoia catalana.

Post original de @QuiqueVal, puedes leerlo en doblemoral.com