lunes, 2 de diciembre de 2013

DESACTIVANDO LA CALLE: LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO (I)

Podría contar una historia breve, de trama telescópica, de sección desigual. Un simple torzal en la grande cuerda de nuestra Historia presente, una hebra de control del sistema. La que no se ve. La que nos hiela la sangre y las gargantas y posa en nuestros labios el silencio necesario para destruir nuestra Historia. Siniestra historia de creación del silencio. Silencio necesario para perpetrar un crimen de Estado. Silencio para cercenar ante nuestros propios ojos e impotencia la trayectoria histórica-en el sentido inteligible que daba J. Marías a las Trayectorias-de un Pueblo.

La libertad y la espontaneidad son acalladas cada vez que la “contingencia” criminal va a ser respondida con la reacción natural de la sociedad. No hay casualidad. Los actores de la verdadera conspiración dirigen las masas como el bombero experto  ataca el incendio forestal. En un momento dado el Conspirador enciende un contrafuego, un pequeño incendio controlado sobre el que insufla con virulencia la ventaja de los vientos revirados allá en las angosturas de los barrancos. Conoce el bombero las trayectorias del calor y la orografía; como conoce el Conspirador  a la perfección las fuerzas desatadas y los sortilegios escondidos en El Príncipe de Maquiavelo y en las artes oscuras de vudú de pueblos de su alumno aventajado, Goebbels. Manipulación de masas.


 El fuego controlado de la masa consume el incendio espontáneo del ciudadano, incontrolable en la plena consciencia de sus derechos y responsabilidades. Podría contarse una historia, y podría contarse un desenmascaramiento sin par en un Pequeño breviario sobre la destrucción de las Indias, que, como en el de Bartolomé Díaz de Las Casas, propiciase una Leyenda Negra sobre nuestra Casta Política a un tiempo servil con la finanza y a un tiempo finanza misma. Una leyenda que, ésta sí, hiciera rugir en nuestros corazones la rabia infinita y despertase así  la dignidad del silencio.