lunes, 13 de enero de 2014

La superiodad moral de la izquierda española

Harto de ver como una y otra vez la izquierda (extrema en todos los casos) de este país se dedica a apropiarse del concepto de democracia, de fascismo y de lo que es políticamente (in)correcto, voy a hablar sobre su superioridad moral para nada merecida.

Fascismo. Esa palabra que hace que más de uno se lleve las manos a la cabeza cuando la escucha. ¿Qué es el fascismo? Según la Real Academia de la Lengua, fascismo es “Actitud autoritaria y antidemocrática”. Según la izquierda, especialmente la española, fascismo es todo aquello que se contrapone al espíritu “revolucionario” de esa izquierda humanista y benévola, que lleva liberando al mundo de la esclavitud del trabajo desde hace 200 años.

Se me antoja difícil, o de tener la cara tan dura como piedra de molino tachar al que no piensa como tú de fascista y “contrarrevolucionario”, teniendo en cuenta que según la historia, las ideologías izquierdistas (véase comunismo en general y maoísmo o stalinismo en particular) han sido sin asomo de duda las más totalitarias (y por supuesto asesinas y sanguinarias) desde que el ser humano tiene conciencia política.

¿Quién se creen ustedes, señores votantes, simpatizantes y militantes de partidos políticos como el PSOE, cuyo fundador hablaba de asesinar si fuera necesario para que sus ideas llegaran al pueblo, y cuyo líder Largo Caballero llamando a la guerra civil si no se ganaban aquellas fatídicas elecciones de febrero del 1936; o de IU, partido cuyo máximo accionista es el PCE que ha defendido la Unión Soviética a capa y espada, para tachar de fascista a nadie?


¿Cómo puede ser capaz alguien que defiende la ideología política que más ha recortado las libertades de sus siervos, degradándoles hasta un mero número en la organización del Estado, de tachar de fascista a alguien? Es una pregunta que jamás se irá de mi cabeza y jamás encontrará respuesta.

También hemos de tener en cuenta que estos “señores” que dicen defender la libertad ante todo, son los primeros en pedir la disolución/ilegalización/exterminio de todas las personas que no piensan como ellos. Y ahí van un par de ejemplos ilustrativos:

No hace mucho, un día de huelga general estudiantil, se presentaron en mi escuela (donde no es que tengan demasiada autoridad) unos esbirros de esta ideología al grito de “FUERA FASCISTAS DE LA UNIVERSIDAD”. Pues bien, alguien que tuvo las agallas de preguntarles que por qué defendían una universidad pública y para todos (según ellos) si luego no querían que para esos “fascistas” existiera formación posible, se llevó la simple y escalofriante respuesta de que “los fascistas no son personas”.

Estos personajes son capaces de condenar asociaciones como “Amanecer Dorado” en Grecia y (ojalá próximamente presente en el panorama político nacional) “La España en Marcha”, simplemente por querer crear organizaciones que benefician a los autóctonos de su país, tachándolos de antidemocráticos. Se puede estar más o menos de acuerdo, eso no lo dudo, pero lo que no comprendo es quién les ha dado la autoridad moral a estas personas que son los más fascistas en el sentido más estricto de la palabra para poder tildar de antidemocrático a alguien, cuando están del lado de una corriente que, lo que menos quiere, es la democracia.

Entonces, recapitulemos: ustedes son, en teoría, humanistas, demócratas, filántropos, tolerantes con todas las ideologías, pero al primero que no piensa como ustedes son capaces de quitarle el derecho a la educación, a la asociación política, y sin puede ser hasta la vida.

¿De verdad hay alguien que, en pleno siglo XXI, se crea estas historietas para no dormir? Yo, por suerte o por desgracia, no me las creo.

Zumalacárregui