lunes, 28 de abril de 2014

El papel de Juan Pablo II en la caída del comunismo

Karol Wojtyla tomó los hábitos en 1946, en momentos en que la Cortina de Hierro se cernía sobre Europa. La inspiración que significó años después cuando asumió el papado con el nombre de Juan Pablo II- además de su experiencia del sistema comunista en carne propia- le ayudó a derribarla.

Lech Walesa, fundador del movimiento sindical Solidaridad que desbancó el comunismo en Polonia en 1989-90, recordó el impulso que significó la visita de Juan Pablo a Varsovia en 1979. Era el primer viaje a su patria, un año después de ser proclamado cabeza de la Iglesia católica, y concluyó la misa con una oración al Espíritu Santo para "renovar la faz de la tierra", frase que se convirtió en un lema.

"Sabemos lo que el Papa ha logrado. Le corresponde el cincuenta por ciento del colapso del comunismo", dijo Walesa a la Associated Press el viernes. "Más de un año después de pronunciar estas palabras, pudimos organizar a diez millones de personas en huelgas, protestas y negociaciones".

"Antes habíamos tratado, yo traté, y no pudimos lograrlo", agregó Walesa. "Estos son hechos. Por supuesto, el comunismo habría caído, pero mucho después y de modo cruento. El fue un regalo que el cielo nos legó".



El papel del pontífice en la lucha contra el comunismo en Europa oriental y en la caída del Muro de Berlín fue mayormente simbólico y moral. Contrastó con la jactancia del dictador soviético José Stalin sobre un Papa anterior, tal como lo recordó el primer ministro británico Winston Churchill. "­El Papa! ¨Cuántas divisiones tiene?", había preguntado Stalin.

Pero Juan Pablo tenía fuerzas a su disposición que ni imaginaban los comunistas que tomaron las riendas de Polonia después que las tropas soviéticas ocuparon el país al término de la Segunda Guerra Mundial. Originalmente la policía secreta polaca no se inquietó por la promoción de Wojtyla a arzobispo de Cracovia en 1963, por considerarlo un poeta y un soñador apolítico.

Pero la coronación papal de Juan Pablo fue algo muy diferente. El hecho mismo de que un polaco, procedente de una Europa oriental que estaba aislada detrás de alambrados de púa, llegase a ser la figura religiosa más prominente de occidente tenía enorme fuerza, dijo Alexander Rahr, experto en Rusia y sovietólogo en el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores.

"Para muchos polacos, fue el hecho de que uno de los suyos triunfó en occidente, que en ese entonces estaba cerrado para Polonia; que llegó a la cumbre de la Iglesia católica y desempeñó un papel político y moral como uno de los líderes mundiales", dijo Rahr. "Eso tenía importancia política y moral".

Los retratos de Juan Pablo impartiendo su bendición o dando la comunión a Walesa arrodillado contribuyeron a socavar el régimen ateo. El fuerte elemento católico en Solidaridad ayudó a conformarlo como un movimiento no violento, aunque sus mineros y operarios de fábricas podían haber sustraído todos los explosivos que quisieran, de haberse volcado al terrorismo.

Juan Pablo no propugnó un levantamiento abierto contra el comunismo, y por cierto pareció mantener cierta relación de afinidad con el general Wojciech Jaruzelski, quien impuso la ley marcial en 1981 en un vano intento por liquidar el movimiento Solidaridad. Algunos creen que la medida de Jaruzelski salvó a la agitada Polonia de una potencialmente catastrófica invasión soviética.


Pocos años después, los nuevos líderes reformistas soviéticos conducidos por Mijail Gorbachov dieron su oportunidad a los asfixiados polacos. Las huelgas en Gdansk a fines de 1988 obligaron al gobierno a negociar con la oposición. El desgaste de la autoridad partidaria se aceleró y se contagió a los vecinos de Polonia: Checoslovaquia, Hungría, Alemania Oriental, Rumania y Bulgaria.