viernes, 19 de septiembre de 2014

¡Pobres palestinos!

Efectivamente, lo que está sucediendo en la Franja de Gaza no es más que un genocidio perpetrado por las fuerzas más oscuras y demoniacas que ha parido este mundo. Sin embargo, conviene hacer hincapié en un pequeño matiz: esa fuerza genocida y asesina no se llama Israel, sino Hamás.

En primer lugar, conviene no olvidarse de que todo este conflicto comienza tras el secuestro y asesinato de tres jóvenes judíos a manos de dos militantes de Hamás. Si la organización terrorista en cuestión estuvo o no implicada es algo que nunca sabremos a ciencia cierta. No obstante, en ningún momento se han dignado a condenar el homicidio perpetrado por sus miembros.

Cabe destacar que desde que comenzó el conflicto en Gaza, nuestra sociedad, aquí en el cómodo Occidente, le ha dado una excesiva importancia. No deja de resultar curioso como casi todos los medios de comunicación autodenominados “independientes” –traducción, ideológicamente marxistas–, así como plataformas de ideología izquierdistas han enfocado todos sus esfuerzos propagandísticos comunicacionales a informarnos sobre las atrocidades que suceden en la Franja. Se ha vuelto muy común, especialmente en las redes sociales, ver diversos tipos de mensajes, tan simples como cargados de demagogia, muy convenientes para determinados intereses.



Analicemos tan solo un par de ellos:

- “Lo que sucede en Gaza es un genocidio por parte de Israel. El sionismo es igual al nazismo”.

Como ya se ha dicho, sí es un genocidio contra el pueblo palestino, pero no perpetrado por Israel. A nuestros conciudadanos progres se les olvida, a la hora de compartir este tipo de mensajes, que la guerra que el gobierno israelí tiene montada es contra Hamás. Se les olvida que Hamás no es más que una organización cuya definición oscila entre partido político y organización paramilitar, casi del mismo modo que se definían el Partido Comunista y la Falange en los años ’30. Hoy en día toda organización que se define de ese modo es considerada terrorista por cualquier país civilizado, indiferentemente de su ideología.

Dicho de otro modo, Israel se enfrenta a un enemigo armado, que también tiene cohetes y misiles, y que para colmo no es más que una facción política que en ningún momento ha representado los intereses del pueblo palestino. Si no, pregúntenselo a los dieciséis palestinos asesinados ejecutados por Hamás sin juicio previo, sino simplemente con la excusa de colaborar con el Mossad israelí. O preguntémosle directamente a los líderes de dicho movimiento islamista cuál es el compromiso que tienen con un pueblo desarmado y desamparado al que le ordenan que sirva de escudo humano para que muera ante los misiles israelíes que no van dirigidos a población civil sino contra objetivos militares.

¿Quién es el genocida? ¿Quién es mata y oprime a los palestinos?

Mientras Israel se defiende del terrorismo islámico, Hamás cambia su estrategia de promover el terror a utilizar a su gente como carne de caño para luego capitalizar el papel de víctima ante el mundo verdaderamente civilizado –es decir, Occidente–. Y todo ello lo consigue al vendernos una imagen de unidad, donde son ellos los únicos representantes de esas víctimas palestinas que ellos mismos fabrican.

Pero lo más indignante de todo esto es que se compare a Israel con el nazismo. Tan obsesionados están algunos con el tema de la memoria histórica, pero a la hora de la verdad nos pasamos la Historia por cierta parte de nuestra anatomía. Comparar el sionismo –la necesidad planteada por los judíos de tener un país donde refugiarse del antisemitismo– es un insulto hacia los millones de víctimas del Holocausto nazi.

Se nos olvida que los países árabes, esos que condenan oficialmente a Israel, durante la Segunda Guerra Mundial, fueron bastante proclives al régimen hitleriano, siendo el anti-semitismo su punto de encuentro…

No reparamos en el hecho de que actualmente las mejores traducciones del Mein Kampf se encuentran disponibles en sitios web islamistas…

Y pasamos por alto el hecho de que esta odiosa e injusta comparación con el nazismo no hace en Próximo Oriente, sino aquí en nuestro Occidente. No se nos olvide que Israel es un país capitalista, aliado de EEUU y la OTAN, es decir, todo lo que los comunistas desprecian. Sin embargo, tienen mayor empuje propagandístico condenar al fascismo que al capitalismo (1). Por eso siempre vemos como cuando critican al PP no le llaman capitalista, sino “fascista”… ¡Pues lo mismo hacen con Israel!

- “Mientras la `democracia´ española comercia con Israel, la `dictadura´ venezolana envía ayuda a Palestina”.

Esta es una consigna muy buena, no cabe duda.

Una vez todos los medios “independientes”, junto con los partidos de masas de la izquierda occidental, imponen su punto de vista dentro de la opinión pública en general, quien diga que Israel no es un “estado asesino” es tildado de “fascista”. Por tanto, todos quienes tiendan la mano a Israel, como el gobierno español, son tildados de “fascistas” por la turba furiosa de los progres. Y de ese modo, la izquierda obtiene un regalo muy suculento: demostrar una vez más que España es una dictadura.

Y más aún, nuestros políticos progresistas logran de este modo lavarles la cara a sus colegas venezolanos, de modo que su amistad ya no es un asunto que se les pueda criticar. ¡Qué alivio para Pablo Iglesias!

Regímenes como los de Cuba, Venezuela o Arabia Saudí, de pronto son aplaudidos por nuestros defensores de la democracia como paladines de los Derechos Humanos. Evidentemente, no cabe duda que al enviar medicinas a Gaza, cuando su propio pueblo sufre una escasez de este tipo de necesidad, es una prueba más de la gran solidaridad de los comunistas venezolanos. ¡Cómo es posible que esos estudiantes desarrapados salieran a enfrentarse con pancartas contra el totalitarismo socialismo  humanista que les gobierna!

En definitiva, el genocidio de los palestinos en Gaza es un asunto terrible, cuya consecuencia es que las mayorías sufran para que las minorías obtengan lo que quieren.

Hamás –y sus métodos– ha obtenido el control indiscutible de la soberanía palestina… y quien lo niegue que le pregunte a los palestinos ejecutados por ellos mismos…

Los musulmanes suníes repartidos por Europa y Occidente se libran del aprieto de ver como la atención se centra en el nuevo estado fundamentalista que sus correligionarios han fundado en Irak y Siria… al que, por cierto, están frenando las tropas “invasoras” estadounidenses, con la ayuda de los kurdos y los chiíes iraquíes.

Los medios de comunicación ya tienen otro conflicto con el que desviar nuestra atención y que no nos preocupemos tanto del avance de los movimientos neocomunistas ultra-derechistas en Europa…

La izquierda política europea ya tiene a un cabeza de turco tirano al cual condenar y relacionar con España… ¡Qué embarazoso era cuando todo el mundo condenaba a Putin por apoyar a los separatistas socialistas y terroristas de Ucrania! ¡Contentos se sentirán al reparar que para el populacho ya pasó de moda el derribo del avión de Malasya Airlines! ¡Gran alivio sentirán en su conciencia anti-clerical sabiendo que poco se manifiestan por los cristianos decapitados en Irak!

Y nosotros, la gente cuerda que aún queda… ¿Qué hacemos en lugar de frenar toda esta vorágine de doble moral que tiene en jaque a la democracia que nuestros padres nos legaron y que amenaza con ponerla en mate?... ¡Nos limitamos a reírnos de lo parecidos que son Jordi Pujol y Yoda!

¡Español! ¡Indígnate de verdad!

Lo dejo en el aire…



NOTAS:
(1) Gracias a los países capitalistas y liberalistas es que el fascismo es condenado hoy en día… no gracias a los rojos, que por lo visto, están hechos de la misma materia…
Sobre la sinceridad de la condena de los comunistas hacia el fascismo, quedan inmortalizadas las palabras de Dolores Ibárruri sobre la intención de los aliados de declarar la guerra a Alemania a razón de la ocupación alemana de Polonia, la cual se repartió con la Rusia estalinista:
Los trabajadores de todos los países han saludado con entusiasmo la acción libertadora del Ejército Rojo en el territorio polaco… Ni un solado, ni un solo español pude prestarse al juego infame de los gobiernos francés e inglés”.