miércoles, 10 de diciembre de 2014

No es la izquierda ni la derecha… es el sistema, estúpido

El otro día, en unas de esas típicas reuniones que realizan los partidos para analizar cómo debe ser la próxima campaña, y que a seis meses de las elecciones se multiplican como setas en otoño con opiniones para todos los gustos, asistía a un curioso debate entre varios compañeros de partido sobre si el PP era más o menos de derechas y eso lastraba sus posibilidades. Para algunos, los ciudadanos percibían la actual política del PP escorada a la derecha y eso le estaba sangrando en votos, por lo que había que “volver al centro” para recuperar a esa gente y parar la hemorragia. Otros opinaban todo lo contrario, que el PP está desideologizado, que ha abandonado precisamente los principios de centro derecha que le caracterizaban por la pura gestión, y eso era lo que le desconectaba de sus bases.

En medio del jaleo sobre quién tendría razón (probablemente todos y a la vez ninguno), me vino a la mente la famosa frase de la campaña de Bill Clinton readaptada a lo que estamos viviendo en la política española: no se trata de la izquierda o la derecha, se trata del sistema, estúpido. La gente no va a dejar de votar al PP porque lo vean más o menos de derechas, sino porque forma parte del “sistema”. Ven al PP de la misma forma que al PSOE, a IU, a los nacionalistas tradicionales o incluso a partidos como Compromís (el lío de las primarias y las cuotas por ver quien se coloca en el sillón los ha dejado al descubierto), como lo mismo: piezas de un sistema corrompido y viejo, lastrado de corruptelas, gente acomodada, gastos superfluos, engaños a los ciudadanos y alejado totalmente de la realidad y la sociedad.


Fenómenos como Podemos han desplazado por completo el discurso político tradicional, para bien o para mal. El eje de la comunicación política actualmente en España ya no es izquierda o derecha, sino sistema o cambio. Los de arriba, la tan manida ‘casta’ podemita, y los de abajo. El sistema o la regeneración, para algunos aniquilación, del mismo. Y quien no entienda eso está muerto. El PP debe recuperar sus valores, por supuesto, y recargarse ideológicamente, pero lo importante para él, como para el resto de partidos, es que los vean como agentes decididos a regenerar el sistema. Si se persiste mirando a otro lado, seguirán subiendo como la espuma los que desde la demagogia claman por finiquitar todo.

Cada caso nuevo de corrupción, cada noticia de sobrecostes o uso indebido de las instituciones, de enchufismos y gastos descontrolados, es un voto más a Podemos. Y sin que ellos hagan nada. Como escuché un día, Pablo Iglesias podría quedarse en casa jugando a PlayStation que su saca de votos seguiría engordando. Porque cada caso que sale, y cada vez que se sigue sin hacer nada, refuerza su discurso contra el sistema.

Y los que creen que con desacreditar a Podemos sacando a la luz sus miserias y contradicciones desinflarán el asunto, se equivocan. La mayoría de la gente sabe lo que hay y aun así les votaría. El CIS lo confirma: Podemos es la opción política preferida para las clases medias altas, directivos y gente con formación universitaria. Nada de clases obreras o “cuatro frikis” (http://www.elmundo.es/espana/2014/11/07/545c7ab1268e3e5a4c8b456c.html ). Esa misma gente sitúa a Podemos en la extrema izquierda, más allá incluso que Bildu-Amaiur, que ya es decir. Y en cambio, pese a que conocen qué encontramos detrás de los Iglesias, Monederos y Errejones, comunismo demagogo y bolivariano con recetas imposibles, depositarían la papeleta en la urna simplemente porque están hartos. Porque quieren dar un susto a ‘los de arriba’, al sistema, que tiemblen los cimientos, a ver si así despiertan y cambian de una vez, aún a costa de poner en juego la estabilidad del país con partidos como Podemos. Así que, desenmascararlos, pese a que sea necesario, no garantiza pinchar el globo, porque el hartazgo supera ya la propia realidad de lo que son.

Los partidos tienen dos formas de encarar esta campaña: renovarse y apostar por una regeneración de verdad, o ponerle ya la alfombra roja a Pablo Iglesias. Y para renovarse no basta con poner caras jóvenes y guapas como piensan en el PSOE o IU. La renovación generacional es necesaria, yo la apoyo, pero si no está dotada de contenido y de actitud de cambio no sirve de nada. En 2015 puede haber un terremoto electoral que se lleve por delante a algunos partidos (lo de IU llorando por las esquinas suspirando por un pacto con Podemos es un buen ejemplo) y deje tocados a los dos grandes. Pensar, como escuché una vez, que no pasa nada porque el PP puede sobrevivir con el voto de los pensionistas (gente que vivió una dictadura y los experimentos sólo los quieren con gaseosa porque valoran la estabilidad) es un tremendo error. Un partido sin el apoyo de los jóvenes, universitarios y personas de edad intermedia está condenado a la muerte. Quizá no en 2015, pero sí en unos años. Señores, o cambiamos, o nos cambian.

Post original de @quiqueval. Leelo en LaDobleMoral