lunes, 30 de noviembre de 2015

Angola prohíbe el Islam categorizandolo como secta y ordenando destruir mezquitas



Imagine que despierta una mañana y todas las mezquitas han sido tiradas abajo. Para un adoctrinado musulmán no sería un momento muy feliz. Sin embargo, para un ateo, un budista o un cristiano que ha sido perseguido, es probable que no salga a la calle hasta asegurarse de que realmente así sea.

Aunque la noticia no fue ampliamente difundida, esto ocurrió en octubre pasado cuando el gobierno de Angola tomó la decisión de no permitir funcionar a las mezquitas dentro de Viana.
Luanda Bento, el gobernador, anunció por la radio que los musulmanes ya no eran bienvenidos en Angola, y que el Estado no estaba preparado para legalizar mezquitas. El 19 de noviembre la Ministra de Cultura, Rosa Cruz e Silva dijo:

“En relación con el Islam, el proceso de legalización no ha sido aprobado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Por lo tanto todas las mezquitas estarán cerradas hasta nuevo aviso.”

Cruz e Silva también señaló que el gobierno está vigilante ante otras organizaciones que puedan también ser consideradas como sectas peligrosas.

Con estas acciones el gobierno angoleño está tomando medidas preventivas, en lugar de esperar una inevitable Jihad que surge cuando una población musulmana alcanza una masa crítica.

Angola no reconoce al Islam como religión, sino que lo ha identificado como una peligrosa secta.

Los angoleños no ven nada de religioso en el comportamiento de los musulmanes. En la región acostumbran atacar, matar y mutilar a otros seres humanos que no comparten la ideología del Islám, y por lo tanto no lo consideran una religión.


Según el informe de la Libertad Religiosa Internacional, los musulmanes son aproximadamente el 3% de la población de Angola. En Angola existe una de las concentraciones más grandes de los cristianos de diferentes denominaciones en el continente africano.